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Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, densa sombra de invierno

La experiencia de una mente borradora

“Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos” (“Eternal Sunshine of the Spotless Mind”) narra la historia de Joel Barish (Jim Carrey) y Clementine Kruczynski (Kate Winslet), una pareja que refrenda la consabida atracción de opuestos, pero que, luego de dos años de noviazgo, decide poner punto final a su problemática relación. Así, Joel recibe la noticia que ha sido borrado de la memoria de su ex novia, a partir de un peculiar tratamiento vanguardista. El despecho del hombre lo lleva a querer responder de la misma manera, hasta que en el medio del procedimiento, se arrepiente.
Ante todo, y evitando que este maravilloso “Eterno Resplandor” sea reducido, precipitada y livianamente, a unos videos caseros con toques de ciencia ficción (intolerable toda pretensión publicitaria por venderlo así, sin más), es importante conocer a sus mentores.
El director del film es el francés Michel Gondry, quien hasta el momento se destacaba como director de video clips (Björk, Chemical Brothers, Massive Attack, etc.) en los cuales plasmaba las constantes estéticas que informan su enrarecido mundo, clara influencia de los años sesenta, tan amados desde su niñez. También fue reconocido como director de comerciales, y tanto en estos como en sus video clips resultó ser un verdadero pionero en cuanto al uso de numerosas técnicas. Por ejemplo, Gondry inventó el recurso de disponer de varias cámaras que se encienden al mismo tiempo alrededor de una figura; la misma técnica fue utilizada por primera vez para un comercial de una aseguradora, luego en un video de Björk, y -consagratoriamente- en el film “The Matrix” (1999).
El guionista de “Eterno Resplandor” es Charlie Kaufman, el mismo de “¿Quieres ser John Malkovich ?”(“Being John Malkovich”, 1999), “Instintos Primarios” (“Human Nature”, 2001, dirigido por el propio Gondry y producido por Spike Jonze), “Confesiones de una mente peligrosa” (“Confessions of a Dangerous Mind”, 2002) y “El ladrón de orquídeas” ( Adaptation”, 2002).
Indudablemente, Kaufman es el guionista más intrigante de nuestros tiempos. Sus personajes son complejos, extraños, provocativos y extremadamente orgánicos. Hay en sus tramas una celebración del caos y la confusión, una preferencia de aquello por sobre lo concreto. Como ávido lector, reconoce las influencias literarias de Kafka, Beckett, Stanislaw Lem, Dick, Patricia Highsmith y Flannery O’ Connor; mientras que entre sus preferencias cinematográficas encontramos filmes como “What Happened Was”… (Tom Noonan, 1994), “Naked” (“Indefenso”, Mike Leigh, 1993), “Safe” (Todd Haynes, 1995), “Ladybird Ladybird” (Ken Loach, 1993), “Eraserhead” (David Lynch, 1977) y la mayor parte de la filmografía de David Lynch y los Coen.
Kaufman escribe películas graves, reflexivas y mentales acerca del corazón. También es muy hábil en el sondeo de la contrariada alma (y mente) masculina.
Así, con un guión más que atractivo y una estética de realización impecable, autor y director logran crear un clima melancólico, emocionalmente intenso y todo desde el porno argentina. El film abre con una secuencia pre-créditos de aproximadamente quince minutos de duración: la narración en off está a cargo de un Joel Barish contenido, introspectivo, quien decide escamotearle al hartazgo y la rutina un día; curiosamente, en un gélido San Valentín, Joel falta a su trabajo para tomar el tren hasta Montauk; allí conoce a Clementine, una intempestiva, impulsiva y hasta algo burda joven, capaz de cambiar de color de cabello de acuerdo a los dictados de su propio humor.
Sobreviene un idilio que incluye la maravillosa secuencia del picnic nocturno en el congelado y bostoniano Río Charles, una secuencia memorable donde estos amantes crepusculares yacen sobre el hielo rajado, de cara a la noche estrellada.
Las vívidas imágenes de Gondry, apelando a todo tipo de fuentes lumínicas y a la cámara en mano -como testimoniando la celebración y derrotero de este romance-, se conjugan con las agudas entrelíneas de Kaufman: en aquélla secuencia en particular, el lago congelado en sus espaldas no sólo es una pieza de magia visual sino también conceptual: los enamorados desean congelar el momento; además, captura la diferente actitud amorosa de ambos.
Pero hay más observaciones kaufmanianas: por ejemplo, la particular aversión de Clementine por la palabra “agradable” (“nice”), o la gruñona sentencia de Joel, a orillas del mar: “la arena es sobreestimada, es tan sólo minúsculas rocas”.

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Yo, robot albedrío cibernético

A partir de un relato original de asimov

Una constante paradoja, seria la certera definición acerca de la esencia del nuevo film de Alex Proyas “Yo, robot”
El film se “inspira” en aquellas tres leyes de la robótica, del relato homónimo de Isaac Asimov (I, Robot.1950). una serie de leyes proverbiales para la sociedad, pero impares y disímiles en si mismas, en tanto que generan incongruencia y conflicto.
La primera ley habrá de promulgar que los robots no atacaran ni pondrán en peligro a ningún ser humano.
En tanto que la segunda ley de la robótica, promueve una obediencia debida de los robot hacia los humanos.
La tercera ley entrara en directo conflicto ante las dos primeras leyes, promoviendo la defensa de la integridad de los robot, pero sin dejar de atender los mandatos profesados en las dos anteriores normativas.
Esta incongruencia funcional es la que regula la vida de todos los humanos que habrán de tener una falsa sensación de seguridad en un próximo futuro. Yo, Robot presenta una sociedad en la cual una poderosa entidad corporativa brinda al hombre la oportunidad de tener a su servicio a una serie de sofisticados Robots Nestor RS-5, androides homínidos capaces de ofrecer y facilitar comodidades en la vida diaria. En el futuro la historia de la humanidad parece mostrarse cíclica y peculiarmente redundante, manifestando una tendencia incontrolable muy propia del instinto del hombre, capaz de someter a otros a su voluntad y servicio (esos otros en un futuro, serán las inteligencias artificiales NS-5).
Por ende el film de  parece homenajear a la obra cumbre del escritor Isaac Asimov, (que no es el relato I, Robot que brinda titulo al film) sino “Fundación”.
La serie de novelas que llevan por titulo “Fundación” proponen un exhaustivo enfoque a una hipotética ciencia llamada Psicohistoria, la cual devela los destinos de las sociedades del futuro por sus acciones políticas, sociales y militares.
Esta obra de Asimov, parte de una premisa que manifiesta una compleja y mas que directa simetría entre las sociedades futuras y los procesos propios del comportamiento de los pueblos y comunidades en la decadencia y caída del Imperio Romano y la Alta Edad Media.
Pero es el film “YO, ROBOT” de Alex Proyas el que complementa y se puede hasta desglosarse del relato original de Asimov. El realizador el otorga al film una visión única, contenida dentro del genero de film NOIR, o cine negro en su mas clásica expresión, pero en el año 2035.
No en vano el film transcurre en Chicago, una ciudad donde en los albores del siglo XX la corrupción urbana ya estaba aferrada a las oscuras y sórdidas calles.
Chicago, una ciudad que genero un raudal de encuentros literarios y cinematográficos, donde un puñado de marginados eran capaces de prevalecer ante la adversidad, generalmente policías y detectives cuestionados por la propia fuerza policial. Este típico personaje era caracterizado como un sujeto algo terco y presuntuoso que oculta un oscuro secreto.
Es el argumento de“YO ROBOT” el que habrá de proponer en una instancia inicial develar el misterio que se entremete mas allá una paradoja impuesta por el destino, en el cual todas las certidumbres quedaron en el pasado y se manifiestan en el presente como piezas a descubrir.
Yo, Robot plantea una cuidadosa intriga generada por un científico catalogado como padre de la Robótica (James Cromwell) quien momentos antes de su muerte dejo una serie de pistas, entre las cuales se encuentra un libro de Hansell y Gretell ( una mas que notable referencia literaria que propone una asociación fortuita). Las pistas ocultan algo mas grande que los motivos por los cuales el científico podría haber sido asesinado.
Pieza clave e integral para este misterio es la inclusión del detective Del Spooner (un memorable Will Smith) un sujeto que se aferrara a las características típicas de los iconos del genero negro, pero con un toque de ácido e irónico sentido del humor.
El detective denota una peculiar fobia a la sofisticada tecnología y al porno casero, por lo que sospecha de Sonny, un robot mas que complejo que se interesa en las emociones humanas y que opera sus acciones a por libre albedrío de su inteligencia artificial. El simpático Sonny es la ultima invención del difunto genio.
Spooner se muestra en un como un difícil y descontextual hombre con un secreto a cuestas, aunque se vea renegando de la fatalidad de su destino debe vivir con ello. Paradójicamente es la ciencia la que alguna vez salvo la vida del detective. Hoy este hombre manifiesta una inusual fobia hacia los adelantos tecnológicos del 2035, Por ende, prefiere hacer de su “hogar” una cápsula del tiempo, ambientado como un típico apartamento del año 2004.
Spooner se declara únicamente cordial con su abuela, una mujer a la que la vejez le juega la mala pasada de mantenerla perdida en el tiempo por algunos momentos, tratando al detective como un niño de ocho años de edad que llega de la escuela para almorzar. La visible fobia de Sponner a la tecnología obnubila su capacidad de juicio, por lo que hostiga reiteradas veces al Robot Sonny (NS-5).
Entre Sponner y Sonny deberá mediar la Dr. Susan Calvin (la hermosa y muy destacada Bridget Moynahan) una mujer que analiza y comprende a la perfección los procesos por los cuales los organismos cibernéticos pueden asimilarse a la sociedad.
La Dr. Calvin parece haberse distanciados hace mucho de la raza humana, acto de renuncia que se evidencia desde su asexuado carácter, y un distante comportamiento en la interrelación con las personas.
Calvin muestra su rasgo mas humano y maternal al compadecerse de la suerte que deberá correr Sonny, quien pese a su carácter artificial, se preocupa por la circunstancia y misterio del ser que presentan los atormentados humanos Sopnner y Calvin .
La Dra. Calvin es uno de los mas populares personajes de la obra literaria de Asimov, el personaje apareció por primera vez en 1940 en el relato “Embustero”.
Alex Proyas demuestra su carácter de gran director en un policial negro que se transluce desde el carácter futurista del film.
el paradójico devenir del film describe a Chicago a la luz del sol y la presenta iluminada por la tecnología…. pero eso puede remediarlo Alex Proyas, un realizador que literalmente le quitara la luz y el brillo a Chicago.
El Director demuestra en su filmografía (The Crow, Dark City) que es capaz de hacer maravillas con la noche y la oscuridad, utilizándolos como elemento dramático. En “YO, ROBOT” esta característica se hace presente en el definido tercer acto del film.
Evidenciando el perfil propio y rubrica de Alex Proyas, un notorio y sublime realizador.